Cómo que no hay lugar para estacionar... En la esquina, ahí, justo en donde está esa rampa para discapacitados/parada de bondi/cruce peatonal hay lugar para estacionar.
Gracias por mirar solo su propio ombligo. Vuelva prontos.
Cómo que no hay lugar para estacionar... En la esquina, ahí, justo en donde está esa rampa para discapacitados/parada de bondi/cruce peatonal hay lugar para estacionar.
"Pero el aire en 24 no es FRESCO..."
La autenticidad y la individualidad han de ganarse: yo no seré mi propia autenticidad a menos que, por el influjo de la voz de mi conciencia me lance hacia la muerte, con decisión-resuelta como hacia mi posibilidad más propia. En este momento, me develo a mí mismo en la autenticidad y también elevo a los demás conmigo hacia lo auténtico.
"A diferencia del Pasado, que es en-sí, el Presente es para-sí. ¿Cuál es su ser? Hay una antinomia propia del Presente: por una parte, suele definirselo por el ser, es presente lo que es, por oposición al futuro, que no es aún, y al pasado, que no es ya. Pero, por otra parte, un análisis riguroso que pretenda desembarazar al presente de todo lo que no sea él, es decir, del pasado y del futuro inmediato, no encontraría, de hecho, sino un instante infinitesimal, esto es el término ideal de una división llevada al infinito: nada".
¡Todo es una comedia fácil de comprender! Yo aspiro a desaparecer, pero me dicen: "¡No, es preciso que vivas, porque sin ti nada existiría! Si todo fuese razonable en la tierra, el espíritu moriría en el tedio. ¡La humanidad necesita que ocurra algo, y sin ti no ocurriría nada!". Cumplo, pues, con mi misión, muy a pesar mío, de suscitar acontecimientos, y hasta realizo lo irracional por orden. A pesar de la inteligencia humana, se toma en serio esta comedia. Es la tragedia de los seres. ¡Sufren, es evidente: pero viven con una vida real y no imaginaria, porque el sufrimiento es la vida, y sin él no hay placer! (...) En cambio, yo sufro y no vivo: soy la x en una ecuación ignorada, el espectro de la vida, ya sin noción de las cosas y hasta sin nombre.
"Nada hizo la sociedad por mí para educarme e instruirme, para ennoblecer mi espíritu y hacer de mí un hombre; y, después de negarme toda solidaridad, ahora me envía al presidio. Pues bien, estamos en paz: ¡no debo nada a nadie! ¡A vuestra maldad, a vuestra crueldad responderé con la mía!".
El que se miente a sí mismo y cree su propia mentira no es capaz de distinguir la verdad ni en sí ni en los demás. Y al no respetar a nadie, cesa de amar, y para ocuparse o distraerse, en ausencia del amor, se da a las pasiones y se entrega a groseros goces, llegando, en sus vicios, hasta la bestialidad; todo ello procede de la mentira continua para consigo mismo y para los demás. El que se miente a sí mismo puede ser su primer ofensor. A veces es agradable ofenderse, ¿no es cierto? Un individuo sabe que nadie lo ha ofendido, sino que él mismo se ha inferido una ofensa; miente recargando a su placer el cuadro; de un montículo hace una montaña; lo sabe él mismo y, no obstante, es el primero en ofenderse hasta sentir placer en ello y experimentar una gran satisfacción ignorando que está pasando el camino de los grandes odios...